Las enfermedades infecciosas emergentes y reemergentes representan un desafío significativo en el ámbito laboral, impactando la salud ocupacional y requiriendo una constante adaptación de las medidas de prevención y control.
Artículo Técnico:
D. Raúl Rivas González.
Catedrático de Microbiología de la Universidad de Salamanca.

La seguridad sanitaria mundial es una responsabilidad colectiva compartida por todos y que requiere un enfoque sistemático. Esto a menudo implica la prevención temprana, la detección y la respuesta rápida a las amenazas transnacionales de enfermedades infecciosas que pudieran socavar la salud global, el desarrollo humano y la seguridad pública y alimentaria. Además, las enfermedades infecciosas emergentes y reemergentes representan un desafío significativo en el ámbito laboral, impactando la salud ocupacional y requiriendo una constante adaptación de las medidas de prevención y control.
La terminología utilizada para describir estas enfermedades es crucial para su clasificación y abordaje. El concepto de «Enfermedades Infecciosas Emergentes» fue acuñado en 1992 por la Academia Nacional de Medicina de los Estados Unidos y se refiere a aquellas enfermedades cuya incidencia en los seres humanos ha aumentado significativamente en las últimas dos décadas o que apunta una proyección a que lo haga en el futuro. Esta categoría incluye tanto enfermedades completamente nuevas, descritas por primera vez en la población humana, como nuevas cepas de enfermedades ya conocidas que presentan características inmunológicas diferentes, mayor virulencia o una respuesta alterada a los tratamientos antimicrobianos. En este sentido, alrededor del 60 % de las enfermedades infecciosas emergentes que se notifican a nivel mundial son zoonosis, es decir, se transmiten entre animales y humanos. Las estimaciones apuntan que, en todo el mundo, cada año, alrededor de mil millones de personas enferman y millones mueren a consecuencia de eventos zoonóticos. De los más de 30 nuevos patógenos humanos detectados en las últimas décadas, el 75 % se han originado en animales. Algunos ejemplos de agentes infecciosos emergentes son, entre otros, el virus Nipah, el virus Hendra, el virus SARS-CoV-2 (COVID-19), el virus de la mpox y el virus de la gripe aviar H5N1 (figura 1).

Por otro lado, las «Enfermedades Infecciosas Reemergentes» son patologías infecciosas previamente conocidas que, después de haber sido controladas, haber experimentado una disminución significativa en su incidencia o haber casi desaparecido, vuelven a manifestarse, a menudo alcanzando proporciones epidémicas. La reaparición de estas enfermedades puede deberse a diversos factores, incluyendo la aparición en nuevas localizaciones geográficas donde antes no eran prevalentes. La Región Europea, que incluye la Unión Europea y hasta 53 países más, notificó 127,350 casos de sarampión en 2024, duplicando la cifra de 2023 y siendo la más alta en 25 años. A nivel global, en 2023, se estima que 10.3 millones de personas se infectaron con sarampión y hubo 107.500 muertes causadas por la enfermedad. Algunos ejemplos de enfermedades reemergentes son la tuberculosis, el sarampión, el cólera o el dengue, entre otras.

El análisis de las tendencias globales y el panorama epidemiológico de las enfermedades infecciosas emergentes y reemergentes revela un patrón de incremento sostenido y una distribución geográfica en constante expansión, lo que subraya la naturaleza dinámica y adaptativa de estas amenazas.
La emergencia y reemergencia de enfermedades infecciosas no son fenómenos aislados, sino el resultado de una compleja interacción de factores que alteran el equilibrio entre los patógenos, los huéspedes y el medio ambiente. Estos factores pueden clasificarse en varias categorías interconectadas que aparecen reflejadas en este artículo (https://theconversation.com/diez-circunstancias-que-nos-abocan-a-una-nueva-pandemia-182868).
La creciente amenaza de las enfermedades infecciosas emergentes y reemergentes exige la implementación de estrategias de prevención y control innovadoras y multifacéticas. Estas deben abarcar desde el fortalecimiento de la vigilancia y la respuesta rápida hasta los avances en la ciencia médica, la colaboración intersectorial y la oferta de información acomodada al público general.
El aumento de la incidencia de estas nuevas enfermedades y sus consecuencias asociadas hacen necesaria una vigilancia estricta, desarrollo de protocolos de actuación y la concienciación de la sociedad. Por ello, muchos organismos internacionales, como el Centro de Control de Enfermedades de EE. UU. (CDC) y el Centro Europeo para la Prevención y Control de Enfermedades (ECDC), han establecido en los últimos años planes de prevención y control de enfermedades emergentes y reemergentes, entre cuyas metas se encuentra incrementar la comunicación de la información en materia de salud pública.
En este contexto, la comunicación debe ser clara, concisa y adaptada a diferentes audiencias, utilizando canales abiertos para llegar al mayor número de personas posible. Por esta razón, ponemos a disposición pública un conjunto de materiales de elaboración propia integrados por infografías, videos y podcasts sobre distintas enfermedades emergentes o reemergentes, con el objetivo de favorecer la divulgación de aspectos relevantes relacionados con las mismas, como son los ciclos o vías de transmisión, la distribución geográfica, los principales síntomas, los posibles tratamientos o las medidas preventivas a tener en cuenta, entre otros. Dichos materiales pueden ser consultados en https://enfermedadesemergentes.usal.es/

Las infografías son una herramienta excepcionalmente útil para la prevención de enfermedades infecciosas emergentes y reemergentes debido a su capacidad para comunicar información compleja de manera clara, concisa y atractiva. La utilidad de las infografías radica en su poder para transformar datos complejos en mensajes accesibles, lo que las convierte en un instrumento invaluable para la educación y la comunicación en salud pública y laboral, fundamental para la prevención y el control de las enfermedades infecciosas emergentes y reemergentes. Estas herramientas sirven para alertar a la población sobre nuevas amenazas o el resurgimiento de enfermedades conocidas, generando conciencia y promoviendo la vigilancia, además de ayudar a las personas a reconocer los síntomas comunes de estas enfermedades, lo que puede llevar a una detección temprana y un tratamiento oportuno.
El énfasis en la detección precoz y la gestión del riesgo que implican estas enfermedades para las comunidades impulsa un cambio fundamental hacia modelos predictivos en la vigilancia epidemiológica. Esto implica que la vigilancia no solo debe ser reactiva a los brotes, sino también proactiva, utilizando datos para anticipar posibles emergencias y educando a la población para dirigir los recursos de manera más eficiente.
Este enfoque predictivo e informativo es crucial para una gestión del riesgo más efectiva. Más del 36% de las enfermedades zoonóticas emergentes y reemergentes están relacionadas con animales destinados a la alimentación (figura 4). Por lo tanto, el conocimiento de los determinantes asociados a estas enfermedades debe ser la base de las estrategias de prevención. La prevención de enfermedades aporta beneficios significativos, como la reducción de la morbilidad y mortalidad en animales y humanos, y la disminución de la probabilidad de una pandemia.

Los brotes de enfermedades infecciosas devastan comunidades y generan un costo global de aproximadamente 60 mil millones de dólares anuales en esfuerzos de respuesta. Sin embargo, la inversión global necesaria en medidas de prevención para reducir los riesgos de salto de animales a humanos se estima entre 22 y 31 mil millones de dólares al año. Esta disparidad económica, donde el costo de la respuesta es significativamente mayor que el de la prevención, proporciona un argumento contundente para la priorización de la inversión en medidas preventivas. Por ejemplo, un estudio clave encontró que, para el brote de Ébola de 2014-2016 en Guinea, Liberia y Sierra Leona, la estimación del costo societal total por caso de enfermedad de ébola con recuperación completa osciló entre los 480 y los 912 dólares estadounidenses, pero para los casos que no sobrevivieron el costo societal se elevó y osciló entre los 5.929 y los 18.929 dólares estadounidenses, variando según la edad y el país. El tratamiento de un paciente de ébola en Europa cuesta unos 25.000 euros al día. En España, la adaptación del Hospital Gómez Ulla para atender casos de Ébola y otras enfermedades altamente infecciosas implicó inversiones multimillonarias
Es evidente que las enfermedades emergentes y reemergentes tienen un fuerte impacto económico. También en el contexto africano, el costo societal por cada caso de cólera puede superar los 1000 euros, considerando los costos para el sistema de salud, la familia del paciente y la pérdida de ingresos debido a la muerte. Desde principios de 2025 y hasta mediados de junio de 2025, se habían notificado 163.972 casos y 3.273 muertes por cólera en 22 países africanos, lo que representa ya el 65% de los contagios y el 69% de las muertes contabilizadas en todo 2024 (254.074 casos y 4.725 fallecimientos). Un estudio ha estimado que el costo de poner en cuarentena a pacientes con mpox, en el sistema de atención médica, es de alrededor de 11.634 dólares por persona. Entre 2000 y 2015, la mortalidad relacionada con la tuberculosis causó una pérdida de 616 000 millones a la economía mundial. La pérdida de ingresos debido a la imposibilidad de trabajar durante el tratamiento contra la tuberculosis es un componente importante del costo total, representando un promedio del 60% del costo total para los pacientes en países de ingresos bajos y medianos.
La implementación rigurosa de precauciones estándar en entornos de atención médica, junto con la promoción de prácticas de higiene personal y ambiental a nivel comunitario, sigue siendo fundamental para combatir las enfermedades emergentes y reemergentes. Las campañas de salud pública deben centrarse en la educación y la construcción de confianza para fomentar la adherencia a estas medidas, reconociendo que la participación activa de la comunidad es esencial para el éxito de cualquier estrategia de control.
