Prevención de riesgos laborales en el Ejército de Tierra

La prevención de riesgos laborales en el Ejército de Tierra está articulada en cuatro niveles, dos de dirección y dos de ejecución, y se basa en una distribución territorial y en la implantación de la actividad preventiva en cada instalación militar.

Entrevista a:
D. Joaquín Broch Hueso. 
General de División, Director de Acuartelamiento y responsable de la actividad de Prevención de Riesgos Laborales en el Ejército de Tierra .

En nombre del Ejército de Tierra les agradezco la oportunidad que nos ofrecen para dar a conocer la estructura y la labor que desarrollamos en el ámbito de la Prevención de Riesgos Laborales en el Ejército de Tierra.

Los militares dedicamos nuestra vida a la seguridad y defensa de los demás, de nuestra sociedad y modo de vida. Nos entregamos a una labor que tiene un componente eminentemente preventivo frente a amenazas o riesgos, por lo podemos decir que llevamos la prevención en nuestro ADN profesional.

Al mismo tiempo, somos conscientes de los riesgos permanentes que implica nuestra actividad diaria en operaciones, el trabajo en las bases y cuarteles, en los campos de tiro y adiestramiento, en los centros de formación o en nuestros desplazamientos. Una rutina que incluye actividades de instrucción físico-militar, una intensa práctica deportiva, ejercicios de tiro con municiones o prácticas con explosivos, manejo de vehículos y equipos pesados, trabajo en talleres, vuelos o navegación.

En todo ello adoptamos, y lo hemos hecho tradicionalmente, las máximas medidas de protección para nuestro personal civil y militar, en todas sus actividades. Un compromiso permanente con la seguridad que se nos impone ya desde nuestra mayor referencia ética para el mando y la organización, las Reales Ordenanzas para las Fuerzas Armadas, en las que la Seguridad en el Trabajo también viene reflejada cuando nos indican que “será responsabilidad y preocupación constante de todo el que ejerce mando velar por la seguridad y prevención de riesgos en el ejercicio profesional del personal a sus órdenes…”.

El Ejército de Tierra español, ¿cuenta con una estructura y organización de la prevención de riesgos laborales?

Todo el Ministerio de Defensa cuenta con una organización preventiva muy sólida, implantada en su estructura a lo largo del territorio nacional y en las operaciones. A nivel ministerial existe una Unidad de Coordinación de los Servicios de Prevención (UCSP), de la que dependen los Servicios de Prevención del Ejército de Tierra (ET), de la Armada y del Ejército del Aire y el Espacio.

Las Fuerzas Armadas empezaron a trabajar muy pronto en la implantación de una estructura de prevención en el trabajo y, a lo largo de los años, hemos ido adaptando nuestra organización PRL al marco legal estatal y a una normativa específica militar en continuo desarrollo, transformándonos al ritmo de los diferentes cambios organizativos y del progresivo incremento en el nivel de ambición.

El ET, por su parte, tiene una organización sistémica y funcional, y la responsabilidad PRL se incluye dentro del denominado “Sistema de Acuartelamiento”, junto al resto de funciones que hacen posible la vida, servicios y trabajo en nuestras instalaciones. En esta estructura del Sistema de Acuartelamiento se incluyen, junto a la PRL, otras tareas como el mantenimiento de la infraestructura, la seguridad de las instalaciones, la gestión de las propiedades y el patrimonio, el sistema de gestión medioambiental, los suministros y contratos de servicio, el alojamiento, la alimentación o la gestión del mobiliario y material.

Para entender cómo nos organizamos, es importante distinguir entre la Seguridad en las actividades específicamente castrenses de instrucción, adiestramiento u operativas, y la Seguridad y Prevención frente a riesgos en el resto de actividades. En el primer caso, como no puede ser de otra forma por sus peculiaridades, las actividades se rigen por sus propias normas técnicas de seguridad, a través de la Gestión Operativa de Riesgos, dentro de lo que genéricamente se denomina “protección de la fuerza”. Por otra parte, el concepto más genérico de Prevención de Riesgos Laborales se encarga de la seguridad y prevención en las actividades no estrictamente operativas, de todo nuestro personal, militares y civiles, en todas nuestras instalaciones y desplazamientos.

En este marco, el sistema PRL del ET es responsable de la seguridad y salud en el trabajo de más de 67.000 personas que trabajan en las instalaciones del ET, más de 350, en las que también residen muchos de nuestros militares.

Para ello, la estructura PRL del ET está articulada en cuatro niveles, dos de dirección y dos de ejecución, y se basa en una distribución territorial y en la implantación de la actividad preventiva en cada instalación militar.

Bajo la dirección de la Inspección del Ejército, que dirige el Sistema de Acuartelamiento, la actividad de organización, planificación y control del Servicio PRL del ET se desarrolla desde la Jefatura de la Dirección de Acuartelamiento, en Madrid, donde se ubica la “Sección” PRL del ET. En el segundo nivel, cinco “Negociados”, con sede en Madrid, Sevilla, Barcelona, Valladolid y Santa Cruz de Tenerife, gestionan la actividad PRL en su área de responsabilidad (una o más comunidades autónomas).

La ejecución propiamente dicha de la actividad preventiva y de la evaluación PRL se realiza en los “Servicios” PRL, dependientes de los cinco negociados citados, con un área geográfica de responsabilidad reducida, que incluye varias instalaciones militares en uno o más municipios, a las que deben prestar apoyo y asesoramiento en materia de PRL. Disponemos de 28 servicios, distribuidos por todo el territorio nacional.

Finalmente, en cada instalación, en cada cuartel, disponemos de un órgano de apoyo u “Oficina” PRL, cuya acción se materializa con la coordinación de los “Equipos” PRL, existentes en todas nuestras unidades, y la presencia permanente junto a los auténticos receptores de la acción preventiva, nuestro personal, mediante la implementación del Plan Ordinario PRL de cada instalación.

¿El ET se ha dotado de recursos humanos especializados en materia de prevención de riesgos laborales?

Por supuesto. La seriedad y rigor con que abordamos la Prevención de Riesgos exige que todo el personal implicado en estas tareas tenga la formación y especialización necesaria, adaptadas a su nivel de responsabilidad.

La especialización de nuestro personal se articula en tres niveles de titulación, cuyos programas de formación se ajustan a la carga lectiva y contenidos establecidos en el Reglamento de PRL (Anexo IV del Real Decreto 39/97 “Reglamento de los servicios de Prevención”).

Para las labores de dirección, control y cometidos técnicos de mayor nivel de especialización y responsabilidad tenemos los Técnicos Superiores. Son oficiales, con una titulación universitaria oficial y un máster universitario en PRL, con un mínimo de 60 ECTS, que obtienen a través de un sistema de becas.

El siguiente nivel de responsabilidad nos lo proporcionan los Técnicos Intermedios. Se trata de suboficiales, cuya formación se proporciona mediante el seguimiento de un Curso organizado por el INAP (Instituto Nacional de Administración Pública), que cuenta con el apoyo del profesorado del INSST (Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo) y de la Unidad de Coordinación de los Servicios de Prevención (UCSP) del Ministerio de Defensa.

Finalmente, la especialización de nuestro personal se completa con los Técnicos Básicos, que deben superar un curso de formación a distancia, con una carga lectiva de 55 horas, que es organizado e impartido por el propio Servicio PRL.

Actualmente desarrollan cometidos PRL en nuestra estructura un total de 37 Técnicos Superiores y 33 Técnicos Intermedios, que trabajan en la Sección, los Negociados y los Servicios territoriales, con dedicación exclusiva. A su vez, más de 600 Técnicos Básicos desarrollan actualmente sus cometidos en los Elementos de Apoyo, Oficinas y Equipos PRL de cada cuartel y cada unidad militar, sin dedicación exclusiva, lo que significa que compatibilizan sus tareas PRL con otros cometidos o puestos de trabajo.

En esta estructura resulta fundamental el tándem “Técnico Superior-Técnico Intermedio” de los 28 Servicios territoriales distribuidos por el territorio nacional. Con dedicación exclusiva y una clara delimitación entre ellos de responsabilidades y cometidos técnicos, realizan la tarea inmediata de asesoramiento técnico, inspección y apoyo a todo el ET.

La eficaz respuesta ante la Pandemia COVID-19 es un ejemplo de lo que representa la especialización y disponibilidad de nuestros técnicos. Gracias a sus conocimientos y experiencia, fueron capaces de asesorar desde el primer momento sobre las medidas de protección a adoptar y apoyar las múltiples actuaciones desarrolladas por el Ejército en beneficio de otros ámbitos de la sociedad.

¿Podría hablarnos sobre su sistema de gestión de necesidades?

Para atender los requerimientos de la actividad PRL, el ET aplica el sistema de las “3 P”, de planificación, programación y presupuestación. Interrelacionando los objetivos, los recursos disponibles y los procesos necesarios, definimos criterios efectivos y asignamos los recursos personales, materiales y económicos ante las necesidades.

Este proceso, que se basa en la existencia de un Plan General PRL del ET, que se actualiza periódicamente, se materializa anualmente con la redacción de un Programa Funcional (PROF) PRL, que establece directrices y criterios para la programación, desarrollo y coordinación de las actividades de cada año. En él se incluyen los objetivos y previsiones económicas junto a criterios para la evaluación de riesgos, la planificación de la actividad preventiva, la elaboración y revisión de los Planes Ordinarios de cada instalación, la investigación de accidentes o la realización de auditorías externas.

En desarrollo del Programa Funcional anual, y con la finalidad de atender los objetivos fijados, la Sección PRL de mi Dirección realiza una valoración y propone una distribución de créditos para las actividades y adquisiciones de material de cada ciclo presupuestario, de los que una parte importante es destinada a Equipos de Protección Individual (EPI).

Lógicamente, los Programas Funcionales han ido adaptándose a lo largo de los años a factores como la normativa de referencia, la estructura PRL existente o los riesgos prioritarios a atender en cada momento. Por ejemplo, durante los últimos años hemos potenciado el campo de la Higiene Industrial, en relación con los riesgos derivados de la exposición a contaminantes cancerígenos, y también la actividad preventiva frente a riesgos psicosociales.

La planificación y estructuración de nuestra actividad se completa con el desarrollo de múltiples normas propias para avanzar en la concienciación, formación, prevención o evaluación de riesgos y puestos de trabajo. Todo ello culmina, en el nivel más próximo a los trabajadores, en el Plan Ordinario PRL de cada instalación, que en nuestro caso es el equivalente al “centro de trabajo” del ámbito civil.

Es importante también destacar el esfuerzo que estamos desarrollando para innovar e introducir herramientas de gestión integral y digitalizada. En este sentido, estamos en proceso de implementación de una aplicación para evaluar y gestionar de forma sistemática los riesgos en el ámbito de todo el Ministerio de Defensa. Se trata de “PREVENGOS”, un programa de gestión integral, considerado uno de los más completos del mercado, que engloba todas las especialidades preventivas y la coordinación empresarial.

En el ámbito del ET estamos también implementando aplicaciones de trabajo colaborativo de diseño y desarrollo propio. Una de ellas, EPICON, se emplea para la gestión de necesidades de equipos de protección individual (EPI) para nuestro personal. También estamos desarrollando herramientas colaborativas para gestionar las inspecciones y actuaciones de infraestructura para la retirada de amianto (aplicación AMIACON) o la colocación de medidores de radón y tratamiento de sus lecturas (aplicación RADÓN, todavía en prueba).

Otro aspecto importante del trabajo desarrollado por el Servicio PRL del ET es la Coordinación de Actividades Empresariales. Nuestra labor requiere del trabajo de muchos agentes externos, como otras administraciones, operadores logísticos, empresas de suministro de materiales o tecnología, contratos de prestación de servicios o trabajadores autónomos. La adecuada coordinación de sus actividades en nuestras instalaciones garantiza el cumplimiento de las medidas de prevención y seguridad en el trabajo de acuerdo con la normativa y en consonancia con los máximos estándares de exigencia, permitiéndonos un uso más eficaz y eficiente de los recursos y mejorando nuestra capacidad operativa.

En el ámbito empresarial y social hay dos aspectos que generan especial preocupación desde un punto de vista preventivo, me refiero al amianto y al radón, ¿existe esta preocupación en el ET?

Efectivamente, durante los últimos años y, especialmente, desde la entrada en vigor del Real Decreto 612/2024, sobre la protección de los trabajadores contra los riesgos relacionados con la exposición a agentes cancerígenos en el trabajo, hemos concentrado nuestro esfuerzo en la acción contra estos contaminantes, especialmente el amianto, el radón, el cromo hexavalente o los humos de diésel, preocupaciones que compartimos con el resto de administraciones y con la sociedad, ya que son riesgos muy comunes.

Ya hace años iniciamos las actuaciones para identificar la existencia de amianto en las instalaciones del ET, adoptar medidas preventivas que eviten la contaminación por esta sustancia y acometer su retirada de manera progresiva. En el año 2023 se elaboró un inventario completo de las instalaciones del ET con presencia de amianto y en 2024 se aprobó un Plan de Actuación Contra el Amianto, que establece las directrices para la priorización de su retirada en función del riesgo y la presencia de fibras ambientales, todo ello en cumplimiento de la disposición adicional decimocuarta de la Ley 07/2022, de residuos y suelos contaminados para una economía circular.

Los riesgos asociados al radón han exigido también una respuesta y diferentes actuaciones por nuestra parte. Me gustaría destacar que el Ministerio de Defensa es pionero dentro de la Administración General del Estado en la puesta en marcha de un Plan Integral de protección frente al radón, siendo ello muestra del compromiso de las Fuerzas Armadas con la salud de sus integrantes.

A nuestro nivel, tras la difusión de una Norma Operativa que detalla el proceso de medida de concentración de este gas en las instalaciones del ET, durante 2024 hemos iniciado la toma de datos en las instalaciones del área peninsular noroeste, por ser la zona potencialmente más afectada según el mapa publicado por el Consejo de Seguridad Nuclear. Para ello se está realizando un proceso de colocación de dispositivos de medida (denominados “electretes”) y de registro periódico de las lecturas, de forma que podamos evaluar con rigor la amenaza y adoptar medidas preventivas.

Simultáneamente se ha llevado a cabo una campaña de información al personal que desarrolla sus trabajos en áreas e instalaciones potencialmente afectadas y se han puesto en marcha medidas preventivas y de mitigación, como el sellado de grietas en cimientos y suelos, la mejora de la ventilación o la instalación de sistemas de ventilación activa. En estos momentos, dentro de la Hoja de Ruta ministerial establecida, estamos colaborando de forma permanente con el Servicio de Protección Radiológica de la Defensa (SEPRAD) del Ministerio de Defensa y el Laboratorio de Análisis Radioactivo (LARA) del Instituto Nacional de Técnica Aeroespacial (INTA).

Esta actuación se ampliará a lo largo de 2025 y 2026 a la totalidad de áreas geográficas del territorio nacional en las que se ha detectado presencia de radón, para completar el proceso de medida y el conocimiento exhaustivo del mapa real de concentración de este gas.

Entre las actividades que realiza el ET, algunas como la de la Antártida es de especial repercusión y seguimiento por la sociedad española, ¿realizan actividades preventivas durante la misión?

El Acuerdo Interdepartamental entre los ministerios de Defensa y de Ciencia e Innovación para la gestión de la Base Antártica Española “Gabriel de Castilla” establece el compromiso para Defensa de proporcionar el servicio PRL, informando e instruyendo a los usuarios de la Base sobre los riesgos a los que se pueden ver expuestos y las medidas a adoptar.

Para ello, cada año el ET designa un Servicio PRL de referencia (compuesto por un tándem “Técnico Superior-Técnico Intermedio”), responsable de evaluar los riesgos y asegurar el apoyo necesario para los militares y los científicos y técnicos civiles que van a trabajar en la Base, creando un sistema de gestión de seguridad y salud laboral específico en sus instalaciones y actividades y contribuyendo a la elaboración del Plan Ordinario de PRL de la Base.

La limitación de recursos y espacio impide que los técnicos PRL puedan desplazarse cada año a la Antártida con la expedición, pero lo hacen cada cierto número de años, permitiéndoles su estancia en la Base durante varios días actualizar la evaluación de los puestos de trabajo y las recomendaciones sobre las adaptaciones a llevar a cabo en las instalaciones y procedimientos.

La expedición a la Base Antártica es cada año un reto de superación, en un entorno muy exigente, que requiere un elevado nivel de preparación y adaptación a unas condiciones de trabajo extremas. Consideramos que la aportación del Servicio PRL del ET es esencial, habiendo logrado implantar un sistema de gestión PRL que cumple con los más altos estándares internacionales y garantiza la seguridad Y salud del personal gracias a una rigurosa evaluación de los riesgos en los lugares y puestos de trabajo y a la implementación de adecuadas medias de prevención.

A nivel internacional las Fuerzas Armadas son reconocidas también por su elevado nivel de formación, ¿qué importancia tiene la formación en prevención de riesgos de los miembros del ET?

La formación contribuye a fomentar y mejorar la cultura preventiva, imprescindible para crear una concienciación y unas competencias profesionales que favorezcan la alerta permanente, la prevención y la protección práctica.

La evolución tecnológica nos obliga a incentivar y formar permanentemente a nuestro personal, ya que el aprendizaje es el motor de la trasformación. Uno de nuestros principales objetivos es mantener a los técnicos PRL motivados para formarse y crecer técnicamente de manera continua, ya que ellos son los responsables de transmitir al resto del ET, militares y civiles, la mentalidad preventiva, los conocimientos y las habilidades adecuadas para garantizar su máxima seguridad en el trabajo.

La formación en riesgos laborales y su prevención es también una parte fundamental de la formación de todo el personal de ET. Una labor que se desarrolla desde los centros militares de enseñanza, donde todos los programas docentes incluyen materias PRL, hasta las propias unidades, instalaciones o lugares de trabajo.

También incentivamos de forma permanente esta mentalidad o cultura de seguridad laboral con una acción permanente de comunicación interna mediante jornadas informativas, conferencias, difusión de documentación o normativa, colocación de cartelería, anuncios en pantallas en las áreas de descanso y comunicaciones a través de redes sociales y correo corporativo, todo ello basado en el Plan de Comunicación PRL del ET.

La prevención de riesgos en las tareas de mantenimiento y trabajo en talleres ha sido siempre una prioridad para nosotros, especialmente en aquellos puestos que implican trabajos en altura o empleo de maquinaria pesada, herramientas eléctricas, productos químicos o materiales inflamables y otros equipos peligrosos. En este ámbito, no sólo priorizamos la dotación de equipos de protección, sino que tratamos proporcionar a nuestro personal una sólida formación técnica para competencias y puestos de trabajo específicos mediante cursos de operador de maquinaria, conducción y trabajo en condiciones particulares.

La seguridad vial constituye también un área prioritaria de formación para proteger a nuestro personal, preservar unos recursos materiales de elevado coste y garantizar la eficacia operativa, ya que en nuestras misiones dependemos en una medida importante de la movilidad en un variado abanico de vehículos. Invertir en formación, concienciación y medidas preventivas no solo reduce los riesgos de accidentes, sino que también fortalece la capacidad de respuesta, la profesionalidad y la operatividad de nuestras fuerzas.

Hemos conocido que en el último trimestre del año 2024 han refrendado su preocupación por la salud psicosocial en el ET ¿qué nos puede decir al respecto?

Es un ámbito en el que llevamos varios años trabajando, pero tras la reciente aprobación del Plan Integral para la Promoción de la Salud Psicosocial del Ministerio de Defensa, de octubre de 2024, estamos dando un impulso especial a la protección integral de la salud psicosocial, con especial atención a la prevención y detección precoz de conductas de riesgos.

Nuestros cometidos operativos se desarrollan habitualmente con un elevado nivel de exigencia física y emocional, con un alto grado de convivencia de nuestro personal, al tiempo que dependemos permanentemente del trabajo en equipo. Es normal que en ese contexto existan riesgos psicosociales y se generen tensiones.

En este ámbito no se trata únicamente de asegurar las mejores condiciones de seguridad y salud laboral a nuestro personal, algo fundamental, sino que, además, una adecuada gestión de estos riesgos es esencial para garantizar la moral y la motivación de los combatientes y la cohesión de las unidades, de los equipos, en beneficio de la operatividad y máxima eficacia en el cumplimiento de nuestras misiones.

Obtener la máxima resiliencia física y emocional, individual y colectiva, de nuestro personal es también una medida preventiva frente a riesgos laborales y una garantía en el cumplimiento de nuestra misión.

El Servicio PRL desarrolla una labor clave en este campo mediante una permanente colaboración con la Sanidad Militar, especialmente el Servicio de Psicología. Una acción sinérgica que se focaliza en la prevención frente a los riesgos, la concienciación del personal y el seguimiento y evaluación de situaciones concretas.

¿Para terminar, podría hacernos una valoración de la evolución del sistema de gestión de la prevención de riesgos laborales del ET?

El camino recorrido durante casi dos décadas para la implantación del actual sistema de gestión PRL en el ET ha servido para consolidar un servicio eficaz, que se ajusta a las necesidades de su personal civil y militar, y que ha sabido adaptarse a las peculiaridades y el contexto en el que se desarrollan las actividades militares. Al mismo tiempo, se ha realizado un esfuerzo para optimizar el empleo de los recursos disponibles, siempre limitados, y acomodar el servicio al despliegue territorial, a la heterogeneidad de nuestros numerosos lugares de trabajo y a los despliegues en operaciones, en el territorio nacional y en el extranjero.

La experiencia y las lecciones aprendidas nos animan a la continua búsqueda de la excelencia en un entorno de condiciones de trabajo tremendamente exigentes y en permanente evolución, con riesgos difíciles de identificar. Ante ello, estamos convencidos de que la actividad PRL debe ser proactiva y adaptarse a la aparición de nuevas herramientas, métodos y tecnologías, para lo que nuestros técnicos deben encontrarse perfectamente motivados y tener una continua formación y actualización de conocimientos.

Por todo lo anterior, es crucial fomentar las relaciones propias de una “redarquía”, impulsando los contactos y la colaboración con otros ámbitos, como las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, otras administraciones o instituciones públicas y privadas, entre las que se encuentra FREMAP. En cada contacto, en cada encuentro, aprendemos, nos formamos y seguimos creciendo en beneficio de nuestros hombres y mujeres.

La redarquía apuesta por un modelo organizativo colaborativo necesario en tiempos de revolución tecnológica y transformación digital. Se trata de impulsar valores como la confianza, el compromiso, la transparencia, la creatividad y la innovación en beneficio de entornos colaborativos seguros y saludables para una verdadera cultura PRL en las organizaciones.

El apoyo permanente de FREMAP y la colaboración tan estrecha que mantenemos con sus profesionales suponen para nosotros un modelo de éxito a seguir y una garantía en el apoyo a nuestro trabajo. La tradicional participación de FREMAP en las jornadas formativas PRL que organizamos cada año en el ET se ha convertido en una oportunidad para actualizar a nuestros técnicos en las últimas tendencias y novedades en el ámbito de la prevención y salud laboral, en una imprescindible apertura a tecnologías y métodos innovadores de trabajo, que resulta vital para nuestra labor diaria y evolución.

Tenemos muchos retos por delante. Trabajamos en muchas instalaciones, con maquinaria y equipos muy variados, algunos de ellos con muchos años de servicio, y tenemos que seguir adaptando nuestros puestos de trabajo a esta realidad. Al mismo tiempo, no dejamos de abordar el futuro de nuestra labor e incorporar nuevos conceptos y tecnologías.

Proyectos transformadores, como la Base Logística del Ejército (BLET), nos van a exigir un esfuerzo extraordinario para garantizar la eficacia de nuestra labor en compatibilidad con la máxima seguridad laboral del personal. La BLET constituye un concepto innovador, un proyecto tractor para el ET, que incorporará tecnologías disruptivas como simulación digital, mantenimiento predictivo, sistemas basados en la robótica, inteligencia artificial, fabricación aditiva, realidad virtual y aumentada, etc. En este entorno, tendremos que conseguir una seguridad laboral intrínseca mediante medidas de prevención en el origen y de tipo organizativo, basadas igualmente en la tecnología, pero sin olvidar el necesario aspecto humano de la prevención y la competencia profesional, auténticas claves de la PRL.

Para terminar, me gustaría plantear un último paralelismo. Al igual que en el ámbito de la Seguridad y Defensa la existencia de posibles riesgos y amenazas exige asumir acciones preventivas y reactivas, que requieren inversiones y que proporcionan tangibles, como un entorno seguro de derechos y libertades, progreso social y económico, creación de empleo, desarrollo industrial o avances tecnológicos, la inversión en PRL contribuye al bienestar de nuestro personal, tanto en términos de seguridad como de desarrollo personal, económico y social, protegiendo su salud, a la vez que se aumenta la productividad y la eficacia en los cometidos asignados.

En definitiva, la Prevención en Riesgos Laborales contribuye a la máxima seguridad, disponibilidad y operatividad de nuestro personal, unidades y organismos, condición indispensable para el cumplimiento de la misión de las Fuerzas Armadas al servicio de la sociedad española.

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