Ante el aumento de las temperaturas y la mayor frecuencia de episodios de calor extremo, la tecnología desarrollada por Sweanty abre una nueva vía para reforzar la prevención del estrés térmico en el entorno laboral. A través del análisis del sudor, permite medir de forma objetiva la pérdida de líquidos y electrolitos, anticipar el riesgo de deshidratación y adaptar las medidas preventivas a la respuesta fisiológica real de cada trabajador.
Artículo Técnico:
Dª. Laura Ortega Tañá. CTO y Directora de I+D de Sweanty.
Dª. Anna Llorella Bustins. CEO y Operaciones de Sweanty.

El estrés térmico por calor ha sido históricamente un riesgo conocido en sectores con exposición térmica elevada, como fundiciones, cocinas industriales o instalaciones con procesos térmicos intensivos. Sin embargo, el aumento de las temperaturas y la mayor frecuencia de episodios de calor extremo están haciendo que este riesgo sea cada vez más relevante también en trabajos al aire libre y en entornos donde antes no siempre se abordaba de forma prioritaria.
Sus efectos sobre la salud y la seguridad pueden aparecer de forma progresiva. Antes de llegar a situaciones graves como el golpe de calor, pueden producirse fatiga, mareos, cefaleas, pérdida de concentración, disminución del rendimiento, errores humanos y mayor probabilidad de accidentes. Según el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo, los accidentes laborales durante las olas de calor han aumentado un 17,4%, lo que evidencia la necesidad de avanzar hacia modelos preventivos más precisos y adaptados a cada puesto.
Las medidas preventivas habituales —pausas, adaptación horaria, disponibilidad de agua, zonas de sombra o descanso, ropa transpirable o protección solar— siguen siendo necesarias y constituyen la base de cualquier estrategia preventiva. Sin embargo, suelen aplicarse de forma homogénea, sin considerar que dos trabajadores expuestos a las mismas condiciones pueden responder de manera muy distinta.
La deshidratación es uno de los factores clave en esta respuesta individual. La tasa de sudoración, la pérdida de sodio y otros electrolitos, la intensidad del esfuerzo, la aclimatación, el peso corporal o las características de la tarea pueden modificar significativamente las necesidades de hidratación de cada persona. Por ello, las recomendaciones generales pueden resultar insuficientes en trabajadores con mayor riesgo fisiológico de deshidratación.
En este contexto, medir el sudor permite convertir una señal fisiológica cotidiana en un indicador útil para evaluar el riesgo real de deshidratación y avanzar hacia una prevención más personalizada, objetiva y centrada en el trabajador.

Sweanty, spin-off del CSIC ubicada en TecnoCampus, ha desarrollado una tecnología basada en el análisis del sudor para personalizar los protocolos de hidratación y anticipar riesgos asociados al calor. La solución incorpora un sensor de sudor patentado por el CSIC y con marcado CE, cuya tecnología ha sido validada técnicamente y utilizada de forma recurrente por deportistas de alto nivel en entornos de alta exigencia física. Se trata de un dispositivo no invasivo que permite recoger información sobre la pérdida real de líquidos y electrolitos durante la jornada laboral.
El funcionamiento se estructura en varias fases. En primer lugar, durante una jornada representativa de trabajo, se colocan los dispositivos de medición (SweaTrackers) para registrar la pérdida de líquidos y electrolitos. Posteriormente, los datos se procesan para estimar la tasa de sudoración, la pérdida de sodio y el riesgo individual de deshidratación. A partir de este análisis, cada trabajador recibe un protocolo de hidratación personalizado para los siguientes meses, con indicaciones prácticas sobre la cantidad de agua y sales minerales que debe reponer en función de su perfil y actividad. Al mismo tiempo, la empresa obtiene un informe técnico agregado que permite al departamento de prevención evaluar el riesgo térmico por áreas, puestos o grupos de exposición. Finalmente, el mismo equipo de Sweanty imparte una formación a los trabajadores para concienciar sobre la importancia de la correcta hidratación y consecuencias de no hacerlo diariamente.

La utilidad preventiva de esta tecnología reside en transformar la medición fisiológica en datos accionables y planes de intervención concretos. Más allá de cuantificar la pérdida de sudor o sodio de cada trabajador, permite identificar perfiles con mayor riesgo de deshidratación, estimar sus necesidades reales de reposición hídrica y electrolítica, y traducir esta información en protocolos personalizados adaptados a la actividad, la exposición y las condiciones de trabajo. Así, la empresa pasa de recomendaciones generales a una prevención basada en evidencia individual, con mayor trazabilidad y mejor soporte para la toma de decisiones del servicio de prevención.
Un ejemplo práctico se desarrolló el pasado verano en los invernaderos de Semillas Fitó, en Sant Andreu de Llavaneres, con una veintena de trabajadores expuestos a calor. El objetivo fue anticiparse a la deshidratación mediante la medición individual del sudor y la aplicación de planes de hidratación específicos.
Tras aplicar estos planes, el 78% de los trabajadores reportó una mejoría o desaparición de síntomas asociados al calor, como mareos y cefaleas, y el 83% afirmó finalizar la jornada con más energía, bienestar y mejor recuperación. La intervención tuvo además una alta aceptación, especialmente al combinar medición, formación y sensibilización sobre hidratación.

Este enfoque tiene especial interés en empresas con exposición térmica recurrente o estructural. En sectores como la construcción, agricultura intensiva, limpieza viaria, logística, metalurgia, minería, petroquímica, cocinas industriales, servicios urbanos o administraciones con contratas públicas, el calor puede convertirse en un factor crítico de seguridad y salud. Disponer de datos objetivos permite reforzar los planes de prevención, priorizar medidas, justificar actuaciones y evaluar la eficacia de las intervenciones.
La prevención del estrés térmico requiere avanzar hacia modelos más predictivos, personalizados y medibles. Las medidas colectivas seguirán siendo esenciales, pero pueden complementarse con información individual que ayude a anticipar situaciones de riesgo y a proteger mejor a quienes están más expuestos.
En definitiva, el análisis del sudor abre una nueva vía en la prevención de riesgos laborales: permite comprender cómo responde cada trabajador al calor, transformar esa información en recomendaciones prácticas y apoyar al departamento de prevención en la toma de decisiones. En un escenario de temperaturas cada vez más exigentes, la combinación de datos, formación y personalización puede contribuir a reducir la fatiga, mejorar el bienestar, disminuir errores y reforzar la seguridad durante la jornada laboral.
