“Control de riesgo químico, vigilancia de la salud y detección de enfermedades profesionales, ponen en valor la Estrategia Cántabra 2017-2021”

Nuestro papel como administración es asesorar y apoyar en todo lo posible a las empresas cuando están intentando integrar la prevención.

Entrevista a: D. Amalio Sánchez Grande
Director del Instituto Cántabro de Seguridad y Salud en el Trabajo.
Entrevistado por Emilio González. Área de Prevención de FREMAP

El pasado mes de octubre, el Pleno del Consejo Cántabro de Seguridad y Salud en el Trabajo, aprobó la nueva “Estrategia Cántabra de Seguridad y Salud en el Trabajo 2017-2021”.

No es esta la primera Estrategia sobre Seguridad y Salud en el Trabajo que se desarrolla en Cantabria, la anterior se ejecutó en el periodo 2008-2012, ¿qué novedades aporta la “Estrategia Cántabra de Seguridad y Salud en el Trabajo 2017-2021”, con respecto a la anterior?

Fundamentalmente quiero destacar la metodología que hemos empleado para alcanzarla, que ha provocado una elevada participación en la misma.

Primero hemos intentado dar participación a todas aquellas entidades o agentes que consideramos que tienen una implicación y algo que aportar a la prevención de riesgos laborales.

Por ello hemos tenido reuniones previas con las mutuas, para que nos dieran a conocer su punto de vista sobre la problemática que se podría abordar; los servicios de prevención ajenos, y lógicamente con los servicios de prevención propios de las empresas grandes de Cantabria; también hicimos una ronda de conversaciones con las organizaciones sindicales menos representativas, y algunas de las personas que han colaborado con nosotros de las Universidades, también nos aportaron sus ideas.

Posteriormente pasamos con esa información y la correspondiente documentación a la fase de negociación en el seno del Consejo Cántabro de Seguridad y Salud.

Al igual que en la anterior Estrategia, tras el proceso de negociación en el que se produjeron aportaciones y cesiones de unos y de otros, se llegó a un acuerdo que es lo que todos los que trabajamos en el ámbito de la prevención reconocemos como un valor añadido, pues “en prevención tenemos que trabajar juntos”.

Otra novedad importante es el entorno. En la anterior Estrategia Cántabra, veníamos de una época donde los índices de incidencia a nivel de toda España y especialmente en Cantabria, venían bajando claramente, cuando se inició la Estrategia en 2006 había un índice de 5.671, en 2007 de 5.483 y al finalizar la Estrategia llegamos a 2.576; esta reducción fue fruto de muchas circunstancias. Cuando se trabaja en prevención y se es constante, los resultados llegan, algo tiene que ver lo que se ha trabajado desde las empresas, las organizaciones sindicales, las organizaciones patronales, administración, tanto los órganos técnicos como la inspección, todos tenemos algo que ver.

Pero no se puede olvidar que en aquellos momentos también se había producido una disminución de la actividad; esto fue clave en sectores de elevada siniestralidad como la construcción. Teníamos un entorno en el desarrollo de la anterior Estrategia, con el viento a favor, con menos accidentalidad.

Al iniciar la negociación de la segunda Estrategia, el entorno ha cambiado; venimos de una época de crisis, las estructuras preventivas se han reducido, incluso en algunos casos se han abandonado; somos conscientes de que el descenso de los índices no solo es fruto del trabajo y de que estemos concienciados, sino también de la disminución de la actividad. En los años previos a esta Estrategia, se vuelven a incrementar los índices que pasan de los 2.576 de 2012 a, en 2015, un índice de 2.969.

 

A pesar de este aumento en los índices de siniestralidad, no se llega aún a los niveles con los que se inició la primera Estrategia, teniendo esto en cuenta, ¿qué objetivos se han planteado en esta segunda Estrategia?

Somos conscientes de que el sistema de prevención implantado en las empresas de Cantabria no estaba maduro, ha reaccionado con mucha sensibilidad al incremento de actividad, igual que tuvo mucha sensibilidad para reaccionar al descenso de la misma; lo que implica es falta de madurez. Por ello, el primero de nuestros objetivos es fortalecer todos los programas y actividades dirigidas al ámbito de la empresa.

Vamos a dirigir nuestros esfuerzos al asesoramiento a la empresa, que es donde se hace la prevención fundamentalmente.

Convencer de la necesidad de integrar la prevención en la empresa, es un objetivo clave. Pues si no se produce esta integración, de poco servirá lo anterior.

A estos objetivos se unen los programas que se vienen realizando como el de “control de la siniestralidad” de aquellas empresas que pertenecen a sectores que lo precisan. Este tipo de programas nos permiten actuar desde el Instituto de una forma proactiva en la mejora de la siniestralidad. Los programas comparan empresas del mismo sector, pues esto facilita que unas empresas puedan ver en las empresas de su competencia las cosas que se hacen bien y mal.

Otro elemento esencial que se recoge en la Estrategia, que deriva de lo establecido en el Marco Europeo y de la Estrategia Española, es algo que yo vincularé, control de riesgo químico, vigilancia de la salud y detección de enfermedades profesionales. Los tres elementos son esenciales.

Se ha abandonado, o no o no se ha controlado el riesgo químico que hay en las empresas. Una demostración de ello fue el caso de la Sílice cristalina, llegamos tarde todos; no hubo control del riesgo, la vigilancia de la salud no detectó los problemas de salud que se derivaban de la exposición a esta sustancia y no se declararon enfermedades profesionales. La vinculación de los tres programas es una necesidad, una vigilancia de la salud de calidad es fundamental para detectar el daño a la salud, sino se ha actuado preventivamente la alarma saltaría rápidamente.

La misma relevancia tiene actuar de manera contundente en los temas ergonómicos, ya que más de un tercio de los daños a la salud tienen como origen los trastornos musculoesqueléticos. La actuación tiene que ser de concienciación y cambio de hábitos, además debe ser a medio plazo. No es como un riesgo de otro tipo que puedes evitar con una barandilla. En este sentido hay que incidir en la necesidad de realizar evaluaciones técnicamente mejores, hacer pausas, adaptar el puesto de trabajo para evitar riesgos.

 

La investigación en el ámbito de la prevención de riesgos laborales ¿qué papel debe jugar?

Es muy importante la investigación, de hecho, el desconocimiento, como ocurrió en el caso que comentábamos antes lleva al fracaso del sistema.

Tenemos que conocer, pues si no, solo nos quedará la vigilancia de la salud como herramienta de detección, con lo que estaremos nuevamente expuestos al riesgo de llegar tarde a conocer dónde se encuentra el riesgo.

Actualmente el ICASST colabora en las investigaciones que en el terreno de las enfermedades profesionales se están realizando en el Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo, en las que se está analizando entre otras cuestiones, una de gran relevancia para los trabajadores que es la forma en que se reincorporan a la empresa tras padecer una enfermedad profesional.

Hay que conocer las circunstancias en las que se trabajaba y que pudieron estar presentes en el desarrollo de esa enfermedad; conocer si se ha actuado sobre el puesto de trabajo, si se tienen en cuenta las necesidades de adaptación que puede tener el trabajador, si existe compatibilidad entre este trabajador y ese puesto de trabajo.

 

En la Estrategia, ¿se han incluido colectivos y sectores concretos?

En esta Estrategia se han enumerado referencias como por ejemplo la edad, en línea con las acciones de la Agencia Europea para la Seguridad y Salud en el trabajo.

Cada año vamos trabajando también en función de la realidad que vamos encontrando fruto del análisis de la siniestralidad en la Comunidad Autónoma y en el conjunto del Estado.

La estructura es un marco general de actuación y a partir de éste, cada año se realiza un desarrollo de programas o planes específicos.

Va a haber siempre un programa común como es el específico de integración de la prevención en las pymes, el control de siniestralidad y control de riesgo químico; este año se dará continuidad a un programa que se inició sobre “el polvo de harina”, y posiblemente sobre “riesgo químico en el sector de peluquerías”. Cada año se irán introduciendo programas en función de las necesidades detectadas.

Hemos desarrollado una Estrategia dinámica, en la que en función del tipo de riesgo que se considera prioritario, se establece el colectivo y el sector al que va a dirigirse el plan o programa.

Hay colectivos en los que estamos viendo situaciones de alarma, como puede ser el de trabajadores del sector sociosanitario, sector emergente en el que cada vez se dan más riesgos ergonómicos y psicosociales. También en el sector pesquero, la actividad de la recogida de algas está dando muchas señales de alerta; y hemos decidido dirigir parte de nuestras acciones a este ámbito.

Desde el Instituto se ha hecho un programa muy interesante con los trabajadores que son contratados por las corporaciones locales en los planes de obras y servicios, pues es un colectivo de mucha siniestralidad.

 

En muchas ocasiones le he escuchado comentar que las CCAA tienen que jugar un importante papel para fomentar la prevención de riesgos laborales. ¿Cómo debe ser la actividad de las Comunidades Autónomas para conseguir la implicación de las empresas?

Creo firmemente en el papel que deben desarrollar las CCAA para implicar a las empresas, soy Inspector de Trabajo y me he dedicado a esta profesión prácticamente durante toda mi vida laboral, y en 2009, me incorporé al Instituto, por lo que conozco el mundo de la prevención. A lo largo de mi vida profesional he conocido que hay empresarios que quieren cumplir con la norma, y hay otros a los que les importa poco. Pero creo que la mayoría de las empresas están en el primer grupo. Hay que conocer las dificultades que plantea la aplicación de la norma; por otro lado, el sistema de asesoramiento a través del servicio de prevención normalmente ajeno, también no facilita la integración de la prevención.

Por ello, considero esencial que desde la Administración se pueda apoyar al empresario en dos elementos que se encuentran en cualquier manual de prevención y que se recogían en las campañas de la Agencia Europea: el de “Trabajando juntos por la prevención”; uno, el liderazgo del empresario; el empresario debe liderar por todo lo positivo que le va a aportar este liderazgo: el cuidado de las personas que colaboran con él, mejora de la productividad…; y dos, participación de los trabajadores; en empresas pequeñas directamente a sus trabajadores, y en las más grandes se hace a través de la representación de los mismos.

Estos aspectos hacen avanzar mucho más que enfoques negativos o coercitivos.

La participación de todas las partes implicadas es esencial. También lo es contar con el apoyo de la Administración. En nuestro caso, hemos promovido muchas actividades formativas en las que los docentes han sido personas de las propias empresas, que son las conocedoras de las problemáticas que se encuentran en sus procesos. El conocer que se puede hacer y cómo se hace, es un potente elemento de sensibilización.

Nuestro papel como administración es asesorar y apoyar en todo lo posible a las empresas cuando están intentando integrar la prevención, y cuando no quieren cumplir con la norma, corresponde a la Inspección de Trabajo aplicarla y para supuestos más graves contamos con la Fiscalía especializada en Siniestralidad Laboral, con la que tenemos un Convenio para este ámbito concreto.

Es muy importante que exista una buena coordinación y cooperación entre las administraciones siendo uno de los objetivos de este Instituto.

 

¿Qué colaboraciones consideran que se pueden desarrollar con las Mutuas para mejorar la situación de la siniestralidad laboral en Cantabria?

Si la legislación lo hubiera permitido, las Mutuas podrían haber desempeñado un papel muy importante con las microempresas, sobre todo por la cercanía a éstas.

Las Mutuas por la gestión de la contingencia profesional, tienen y pueden tener un papel muy relevante. En nuestras visitas vemos que las Mutuas conocen mejor la siniestralidad de las empresas que incluso sus propios servicios de prevención.

Es importante la conexión entre las Mutuas y las Autoridades Laborales de las CCAA, pueden ser un apoyo importante, por ejemplo en la implantación de campañas como la de “Alta Siniestralidad”, pues saben y conocen perfectamente los niveles de siniestralidad de las empresas de un sector. Trabajando conjuntamente en esas empresas entre Mutuas e Instituto se pueden alcanzar más fácilmente los objetivos que son compartidos con los que la Secretaría de Estado marca en la Actividad Preventiva con cargo a cuotas que deben realizar las Mutuas.

En el programa de “Prevención 10” también se hace necesaria la colaboración de las Mutuas.

Pero sobre todo cabe destacar la participación que las Mutuas deben tener en el ámbito de las enfermedades profesionales, tanto en la valoración de las sospechas que pueden llegar a través de sus sistemas de atención o del sistema público, como en la detección por ellas mismas, pues la detección de la enfermedad profesional es un elemento clave para evitar el fallo preventivo.

Su papel es fundamental para que se conozcan las enfermedades profesionales y poder actuar con carácter preventivo y evitar que se repitan.

La investigación es otra área en el que las Mutuas pueden aportar un destacado valor añadido, debería encaminarse a las especialidades de la psicosociología, ergonomía y el uso de nuevos materiales como por ejemplo, los nanomateriales. Toda la información y conocimiento que tienen las Mutuas que son las que realmente conocen el resultado dañoso, puesto al servicio de la investigación, es esencial para la prevención de riesgos laborales; lógicamente no realizar estas investigaciones sería una importante pérdida de conocimiento.

 

¿Le gustaría añadir algo más?

Sí. Me gustaría resaltar la importancia que tiene la divulgación y sensibilización de la prevención en todos los niveles educativos. Es una inversión necesaria si queremos que la cultura preventiva impregne a nuestros jóvenes para cuando se incorporen al mundo laboral. Para ello hay que trabajar conjuntamente con la Consejería de Educación.

En este ámbito, destaco el “Programa Cuidado SOS” desarrollado durante 3 años, que nos ha permitido hacer llegar esta formación y sensibilizar a 14.390 alumnos de primaria y secundaria de Cantabria.

Queremos agradecerle, Amalio, las facilidades y colaboración que nos ha prestado para realizar esta entrevista.

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